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Teletrabajo  
El teletrabajo como fenómeno social
Fenómeno social

Introducción

En los últimos años el teletrabajo se ha convertido en un fenómeno social que está incidiendo de forma significativa en las formas de planificar el desarrollo económico de determinadas regiones, en los sistemas de organización del trabajo, en las relaciones laborales y en los hábitos y comportamientos de vida. La apuesta inequívoca de la Unión Europea en favor de la modernización de las redes de telecomunicación y el apoyo político e institucional a inversiones y programas concretos de teletrabajo estan contribuyendo a un progresivo desarrollo de esta nueva manera de trabajar.

Teletrabajo y desarrollo económico y social

El espectacular desarrollo de las tecnologías informáticas aplicadas a las telecomunicaciones y, sobre todo, el abaratamiento de sus costes, ha hecho que a los Estados, al plantearse cómo lograr el desarrollo de una región o zona deprimida, les resulte más económico y socialmente más rentable promover infraestructuras de comunicaciones de banda ancha y servicios múltiples y formar adecuadamente a los ciudadanos para que se incorporen a la gestión de productos y servicios de valor añadido, que llevar a la zona industrias tradicionales y desarrollar autopistas de comunicación terrestre.

Por eso, cuando la Casa Blanca lanzó, en 1993, la idea de las autopistas de la información, lo hizo para dar un impulso generador de crecimiento económico y, por tanto, de empleo. Pero existe el riesgo de que las autopistas de la información vuelvan a agrandar las diferencias entre los países y regiones industrializados (en este caso, informatizados y "asfaltados" con autopistas de la información) y los no industrializado (no "asfaltados"). De ahí que, en Europa, el libro blanco de Delors y el informe Bangemann hayan apostado por la modernización de las redes de telecomunicación, por la implantación de las autopistas de la información y por el fomento de los servicios telemáticos, en el convencimiento de que los primeros países en integrarse en la sociedad de la información recogerán los mayores beneficios, pues serán los que establezcan las prioridades que los demás deberán seguir.

Efectos sobre la organización del trabajo

La organización del trabajo está cambiando de forma irreversible en las empresas. Ahora los trabajadores pueden obtener de forma inmediata la información que requieren para desarrollar su trabajo desde su propio domicilio, desde un centro de teletrabajo o desde cualquier lugar que permita una conexión informática a la red de la empresa. Tan sólo es necesario que dicha información se encuentre estructurada para ser consultada. Durante los últimos años, las empresas han ido modificando progresivamente su organización y estructura para adaptarse a los requerimientos de las nuevas tecnologías. Por otra parte, las operadoras de comunicación, en un entorno cada vez más competitivo, han comenzado a reducir el precio de sus servicios, por lo que no es aventurado afirmar que en los próximos años el teletrabajo será utilizado de forma masiva, aunque su implantación sea gradual, porque nada impedirá que una parte importante de la plantilla de una empresa pueda desarrollar su función sin estar presente en la oficina.

Las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones están conformando las bases para nuevas industrias, en particular las multimedia, que probablemente van a generar un gran valor añadido en sectores muy especializados, y que pueden ser una fuente importante de creación de empleo, a la vez que están contribuyendo a incrementar la competitividad de industrias de gran tradición, al reducir sus costes fijos en infraestructura física.

Junto a los ahorros reales en términos de gastos generales (edificios, alquileres, mantenimiento, mobiliario), la adopción del teletrabajo implica un replanteamiento general de la empresa, el paso desde un modelo de organización centralizada, piramidal y jerárquica, basado en la división funcional del trabajo, a otro más plano, dinámico y descentralizado, en el que la filosofía de trabajo se centra más en tareas y procesos que en funciones, lo que en muchos casos supone un importante obstáculo para su introducción. Para implantar con éxito un programa de teletrabajo en la empresa, es necesario que se cumplan los siguientes requisitos: un uso intensivo de las tecnologías de la información y las comunicaciones para la producción de valor añadido, un sistema de control de gestión altamente formalizado, la existencia de sistemas de trabajo basados en la dirección por objetivos o en el trabajo por proyectos y la disponibilidad de recursos humanos capacitados.

Estas transformaciones pueden ser el germen de un nuevo mercado de empleos atractivos e interesantes para numerosas personas, incluyendo a grupos actualmente marginados del mercado laboral como las personas con discapacidad, pero también pueden crear fronteras para aquéllos que no se adapten a la transformación del trabajo. La capacidad de adaptación  no deriva sólo del nivel de capacitación profesional, sino también de la naturaleza de las tareas para las que el trabajador esté preparado: la antinomia calificado/no calificado se está reformulando, y ahora importa más la distinción entre las tareas repetitivas, que pueden ser sustituidas por la acción de un ordenador o robot, y las actividades creativas e irreductibles, que, dicho sea de paso, muchas veces se realizan con la ayuda de un ordenador y de las tecnologías de la información.

Cambio en los hábitos sociales

La aplicación significativa del teletrabajo en las empresas producirá importantes transformaciones en algunos modelos y hábitos sociales que han caracterizado la vida cotidiana en los últimos años del siglo XX, como son los desplazamientos diarios desde la casa al lugar de trabajo. Esas transformaciones afectarán, como es obvio, al transporte público y privado y al uso del suelo en los centros urbanos, pero también se dejarán notar en la forma de ocupar el ocio y el tiempo libre, en las relaciones interpersonales, en la vivienda, etc.

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